Lionel Messi y José Pekerman, una historia de polémica, agradecimiento y rivalidad

Dolor, lo primero que sentí Lionel Messi levantarse de la cama era un dolor. En la concentración argentina en la ciudad de Herzogenaurach caminó fantasmal durante horas. Le costó adaptarse. Se encerró en la habitación que compartía con el portero Oscar Ustari y quemado el tiempo entre mil haciendo malabares con una pelota. Las persistentes molestias en la pierna derecha le indicaron que Alemania 2006 no sería su Mundial. Pero el planeta no lo sabía y ya exigía la consagración. Él y José Pekerman, el hombre que le había hecho debutar en la selección absoluta un año antes. Se volverán a encontrar este viernes en la Bombonera. No son lo mismo, por supuesto. Serán rivales de un Argentina-Venezuela sin pretensiones de memoria, pero la vida de cada uno estará marcada para siempre por la del otro.

Messi llegó a ese Mundial de 2006 todavía recuperándose de una rotura de grado dos en el isquiotibial derecho, que también se había complicado con una fibrositis. Estuvo 84 días inactivo, y solo intervino 17 minutos en el amistoso previo al Mundial ante Angola. Aterrizó en Alemania con solo tres aperturas en su récord internacional. Pero Pekerman se atrevió a usarlo. César Luis Menotti no había alentado a Diego Maradona en el ’78. Ni Daniel Passarella con Juan Román Riquelme en el 98, ni Marcelo Bielsa con Javier Saviola en Corea-Japón 2002, ni Jorge Sampaoli con Lautaro Martínez en Rusia 2018.

Messi, con la camiseta del 19, junto a Pekerman y Javier Mascherano, en la foto oficial previa al Mundial de Alemania
Messi, con la camiseta del 19, junto a Pekerman y Javier Mascherano, en la foto oficial previa al Mundial de AlemaniaGERARDO HOROVITZ

Jugaba poco, muy poco. Pekerman le había advertido. ‘Mira, yo sé que en este Mundial tienes mucha capacidad. Vas a ser el mejor jugador del mundo, me lo imagino. Pero este Mundial todavía no va a ser tuyo. Aquí hay grandes figuras, el equipo está consolidado. Lo tuyo es algo sorprendente y estamos muy contentos. Vas a hacer tu aportación, pero mira que hay jugadores que son impresionantes y se quedarán en el banquillo. Vas a jugar todos los minutos que puedas según las situaciones de los partidos. Pero te ayudará a escuchar, a aprender”, fueron las palabras del técnico. Después, la imagen de Messi desplomado en el banquillo, con los cordones desatados, quedó para siempre, la tarde de la eliminación por penales ante los locales. Cabe recordar que tampoco entraron Pablo Aimar, Saviola y Rodrigo Palacio.

El estreno, con Maradona en la galería

Hubo medios que luego no estuvieron de acuerdo con Pekerman. Otros se burlaron. fue injusto Porque con el tiempo se siguió criticando la decisión en base al crack que sería Messi, olvidando que incluso en el Barça era una joya en proceso de explosión, porque el eje de aquel conjunto catalán dirigido por Frank Rijkaard pasaba por Ronaldinho, Deco, Eto’o, Giuly…

Una imagen, un momento del que se hablaría y se escribiría durante años: Messi en el banquillo el día de la eliminación en los penaltis ante Alemania
Una imagen, un momento del que se hablaría y se escribiría durante años: Messi en el banquillo el día de la eliminación en los penaltis ante Alemania Archivo

Pekerman nunca se defendió. Hace apenas unos meses desveló su razonamiento estratégico, frente a la avalancha de centros que intentaría Alemania, en desventaja, en el último tercio del partido. “Estaba Cruz que nos dio algo que fue clave en esos minutos. Es muy difícil predestinar si hubiera podido cambiar la historia. Después te castiga el resultado, lamentablemente no lo podemos cambiar y se quedó esa imagen”. Se había perdido un cambio por la lesión de Roberto Abbondanzieri, había sustituido a Riquelme por Esteban Cambiasso y la salida de Hernán Crespo -cambio solicitado por el goleador- empujó a Pekerman a no perder centímetros en el aire. El fútbol, ​​eso sí, es caprichoso, y Alemania llevaría el duelo a la prórroga por un cabezazo de Miroslav Klose.

Tras la expulsión de la selección mundialista, se desarrollaron debates tan eternos que continúan hasta el día de hoy. Pero alguien nunca esbozó un reproche: Messi. El día después de la eliminación, LA NACIÓN lo acompañó al aeropuerto de Frankfurt. ¿Qué experiencias te llevas?, escuchó. “Todo positivo. No tengo más que palabras de agradecimiento”. decía aquel chico que acababa de cumplir 19 años, y en 122 minutos de torneo se había convertido en el argentino más joven en debutar en una Copa y marcar un gol.

Pero había más. En 2009, cuando Messi recibió su primer Balón de Oro, Rosario se lo dedicó a su familia. Y alguien más: A Pekerman, a quien siempre estaré agradecido por darme la oportunidad de debutar en un Mundial. Messi juega en Argentina gracias a una operación relampago entre Claudio Vivas, Tocalli y Pekerman, quien, conocedor de un ‘Enano’ que estaba haciendo maravillas en el canterano del Barcelona, ​​fue a verlo en un partido contra el Alcorcón, en las afueras de Madrid, cuando José era el técnico del Leganés. Inmediatamente llamó a Tocalli para insistir con una llamada urgente. Años más tarde, el 17 de agosto de 2005, en Budapest, José sería el responsable del debut de Messi en la selección absoluta.

Messi, Pekerman y Coloccini durante un entrenamiento del equipo durante la Copa del Mundo de 2006
Messi, Pekerman y Coloccini durante un entrenamiento del equipo durante la Copa del Mundo de 2006ALEJANDRO PAGNI

Solo 92 segundos duró en la cancha. Un manotazo al lateral izquierdo húngaro Vilmos Vanczák que no le dejaba avanzar precipitó la roja del árbitro alemán Markus Merk. Messi lloró en el vestuario: “¡Es una pena, no me van a citar más!”. Repitió desconsolado. Pekerman se acercó y lo felicitó al oído. El técnico rescató que Messi había entrado con intención de jugar, y esas lágrimas hablaban de orgullo. Públicamente, también lo refrendó: “Es un jugador fantástico. Es una bendición para el fútbol argentino”.

El viernes en la Bombonera se reencontrarán, pues ya se han visto tres veces, en 2013, 2015 y 2016, cuando el entrenador manejaba rumbo a Colombia. Si alguien imagina que está al final de su carrera, las ilusiones de ambos desafían esa presunción. Los dos espían el futuro y, mientras Messi a los 35 años sueña con Qatar, Pekerman a los 72 planea llevar a Venezuela a un Mundial en 2026, esa dimensión desconocida. Rivales circunstanciales, Messi y Pekerman siempre estarán unidos por un sentimiento compartido: gratitud.

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